El pitu montañés
El pitu montañés
 

 
Paco San José
Curriculum
CD La Lluvia del Arcoíris
CD Pito y Tambor... tradicional
Libro: "La vida secreta de los piteros"
Libro: "Cuentos y Leyendas de los Picos de Europa"
Los piteros
El pitu montañés
Comentarios sobre los piteros
Labor de campo
Escrito de Francisco San José Mediavilla en la revista Interfolk nº 41 de junio-2009

“EL PITU MONTAÑÉS”

por Francisco San José Mediavilla, profesor de música y pitero

En Cantabria, pequeña comunidad autónoma del norte de España, se da un caso único y original en el conjunto del territorio ibérico, como es el de utilizar históricamente un clarinete solista para interpretar música tradicional. Pero no se trata de una especie de clarinete o algún tipo de instrumento similar, sino de un clarinete completamente normal adquirido en una tienda de música y denominado actualmente “pitu montañés”. Si bien la principal expresión musical es el canto, tanto solista como con algún acompañamiento o en conjuntos corales, existe constancia de una variedad de instrumentos de viento utilizados para el folclore.

Estos instrumentos son coincidentes con los habituales de las regiones vecinas. En la zona occidental el instrumento más utilizado ha sido la gaita, teniendo en cuenta además que los ayuntamientos asturianos de Peñamellera Baja, Peñamellera Alta y Ribadedeva fueron cántabros hasta 1833, es decir, desde 1230 más de 600 años sin pertenecer a las Asturias de Oviedo. Estos tres ayuntamientos son zonas con mucha tradición musical referente a la gaita. Actualmente ha tenido una espectacular recuperación en Cantabria, y se ha expandido a toda la región. En la parte oriental, hasta hace muy pocos años, ha habido interpretes en activo de flauta de tres agujeros y tamboril, instrumento este muy popularizado antiguamente en otras zonas de Cantabria, y del que existen numerosos documentos. Por último, la dulzaina ha dejado constancia de su existencia en áreas dispersas, no solo próximas a Castilla sino también en el norte, cerca del mar Cantábrico.

Pero el instrumento de viento que ha perdurado como más representativo de Cantabria y que realmente emociona a las personas que lo escuchan, es el pitu montañés o clarinete requinto. La zona más habitual de utilización ha sido la denominada Montañesa, que tiene como centro Torrelavega y que llega hasta Santander, Corrales de Buelna y alrededores. Se han encontrado diferentes tamaños o modelos de clarinete, y aunque predominaba el requinto o clarinete en mi bemol, también era muy utilizado el clarinete en si bemol y de manera ocasional otras afinaciones como en do. Los dos más utilizados son ambos instrumentos transpositores, el requinto suena tono y medio más agudo que como se escribe y el si bemol un tono más bajo. Desde 1980 aproximadamente, cuando escuche en directo a un clarinetista popular con un si bemol, pude afirmarse que ya solo se utiliza el requinto. Siempre han actuado de manera solista, con un acompañamiento de percusión que es otra originalidad, pues se utiliza una caja de banda. Incluso en las fotos de los gaiteros antiguos de la zona occidental, podemos observar que su acompañante también utilizaba una caja, a diferencia de sus homólogos asturianos que usaban un tambor de tradición.

Si bien a finales del siglo XIX en la prensa se les denominaba clarinetistas, desde principio del XX ya aparece la expresión “piteros” para designar a estos músicos, tanto al clarinetista como al tamborilero. También se denominaba piteros a los dulzaineros y a los interpretes de flauta de tres agujeros, lo cual ha dado lugar a muchas confusiones en los textos antiguos de prensa o de cancioneros. Por este motivo no está muy claro ni el origen de este instrumento en el folclore cántabro ni el momento en que se empezó a utilizar. Si bien existe la creencia, más o menos contrastada, que desde mediados del siglo XIX, pudiera ser anterior. Esta primera estimación coincide con la aparición del clarinete con sistema Boehm que tuvo lugar en 1842 y multiplicó la utilización de este instrumento en todo el mundo. Fue realmente el acontecimiento musical del siglo y sin duda tuvo su influencia también en Cantabria. Pero hasta hace pocos años, aún quedaba algún anciano pitero vivo de requinto, en los valles indicados de Asturias que primero fueron cántabros. Pudiera ser que se mantuvo de manera residual una tradición de antaño, por lo cual estamos hablando de fechas anteriores a 1833. Lo que está claro es que el clarinete se inventó, y esta es la palabra, entre 1690 y 1700 por lo cual es evidente que a Cantabria llegó tiempo después.

En todo el norte de España ha sido habitual, y hoy en día se está recuperando, la utilización del clarinete en si bemol para acompañar gaitas, sobre todo en bandinas tradicionales. Desde el País Vasco hasta Galicia, existe constancia de este tipo de bandinas o bien de la utilización del clarinete para interpretar música popular, como acompañamiento de otros instrumentos. Por lo cual tal vez sea más correcto decir que el clarinete se venía utilizando desde hace tiempo, no sabemos desde cuando, y en un momento dado en Cantabria pasó a tener protagonismo como solista. Posteriormente, como ya he explicado por haberlo presenciado al ser un hecho histórico reciente, los diferentes tipos de clarinete dejaron de emplearse, quedando únicamente el requinto o clarinete en mi bemol.

Entre 1690 y 1700 Juan Cristóbal Denner realiza diversos cambios en el chalumeau francés, que le hacen llegar a la conclusión de que se trata de un nuevo instrumento. Le añade 12 llaves, salto de doceava, final de campana y registro más agudo o clarín, de donde viene el nombre de clarinete. Durante 300 años se producen constantes cambios, evoluciones y aportaciones técnicas de diversos constructores e inventores. La más significativa tiene lugar en 1842 cuando Buffet y Klosé ponen a la venta en París el nuevo clarinete que han diseñado, aplicando a este instrumento el sistema de llaves que había inventado Teobald Boehm tres años antes para la flauta. Este notable cambio convierte al clarinete en un instrumento muy sofisticado de gran importancia a nivel internacional, y se multiplica su utilización en todo tipo de agrupaciones musicales.

Tenemos pues dos tipos de clarinete, el antiguo de 13 llaves (una más de las iniciales) y el más moderno de sistema Boehm. Ambos modelos han sido utilizados y se siguen utilizando en Cantabria, si bien actualmente el de 13 llaves está en plena recesión a punto de desaparecer. En un artículo publicado hace unos años en una prestigiosa publicación cántabra, se afirmaba que el clarinete se empezó a utilizar porque las bandas de música renovaron los clarinetes por el nuevo Boehm, pudiendo adquirirse por poco dinero los antiguos de 13 llaves. Esto es falso por varios motivos, el principal es que la banda de música de Santander fundada el 20/10/1881 es una de las más antiguas de España y como es lógico no van a utilizar instrumentos desfasados desde hace casi cuarenta años. Esto mismo podría haber ocurrido también en cualquier otro lugar de España, y no ha sido así. Por último, si bien los piteros de zonas rurales sin conocimientos musicales utilizaban clarinetes de 13 llaves, los piteros procedentes de las bandas de música, que utilizaban esta profesión para sacar un sobresueldo, utilizaban clarinetes sistema Boehm.

Una originalidad de algunos piteros cántabros ha sido el poner la caña hacía arriba. Al ser el clarinete un instrumento de lengüeta simple, admite ambas posibilidades si bien lo normal es ponerla hacia abajo. Es un dicho común en Cantabria que los auténticos piteros tocaban con la caña hacía arriba y que el resto no eran piteros. Este es uno más de los diversos errores que existen en esta región, otro de ellos es por ejemplo denominar a las jotas “a lo alto” y “a lo bajo” cuando jota solo es el mismo ritmo que en el resto de España y lo otro son ligeros o bailes a lo alto. La culpa en este caso es de la letra de una canción popular que comienza diciendo “a lo alto y a lo bajo y a lo ligero, etc.”

Si el clarinete se ha construido para tocar con la caña hacia abajo, y así es como tocan los clarinetistas, ¿por qué los piteros, llamémosles de tradición, tocan con la caña hacia arriba? Puede ser simplemente por desconocimiento, pero la razón más probable es que hacer sonar una boquilla de clarinete, y más aún la del requinto, cansa mucho los músculos de la boca. Un músico, a través de las muchas horas de estudio y ensayo, va fortaleciendo esos músculos. Sin embargo, un pitero no músico aprende normalmente solo o con los consejos de otro pitero no músico. Y cuando ya sabe hacer sonar el instrumento y conoce un par de melodías, directamente se lanza al prao para tocar contratado a cambio de una remuneración económica. El problema que se encuentra al principio es que no es capaz de aguantar la presión de la boquilla tantas horas. Como el labio inferior es por naturaleza más fuerte que el superior, gira la boquilla y descubre que esto le permite tocar más tiempo sin fatigarse. Esto conlleva alguna desventaja, como por ejemplo para modular o matizar las notas, pues la mandíbula es móvil y se puede aumentar o disminuir la presión, cosa que el pitero no tiene tan fácil. Pero por otro lado, para el tipo de música que es, y con el sonido fuerte del tambor al lado, tampoco es tan importante. Si escuchamos una grabación de piteros rurales o de tradición, podemos ver cómo no hay grandes diferencias en los matices fuerte-piano e incluso prácticamente no existen. En cuanto a lo de la potencia en el sonido, depende de varias circunstancias como son la calidad del instrumento, su estado de conservación, la boquilla, la técnica de soplar, los pulmones del músico y en gran manera de la caña que se utiliza. No por cambiar la posición del artilugio por donde soplamos vamos a conseguir resultados sorprendentes. Los músicos de tradición de Madagascar también utilizan clarinetes en si bemol con la boquilla cambiada de esa manera.

En la época de la posguerra, a causa de la escasez económica, los piteros rurales se han ido comprando y vendiendo los pitus entre ellos. Esto ha provocado que utilizaran instrumentos realmente antiguos y desfasados técnicamente, que sin embargo a ellos les servían. Todas las averías que iban teniendo las reparaban ellos mismos, resultando que poco a poco iban perdiendo posibilidades de notas y de registro, quedando reducidas a veces sus escalas sonoras a una octava, por lo que deformaban las melodías y la mayoría de las veces sonaban desafinados, salvo los que tenían más cualidades musicales innatas y eran auténticos artistas. Un pitero tiene que utilizar dos escalas completas, entre sol y sol, como podemos comprobar por las partituras de los cancioneros. Con las cañas ocurría algo parecido; si un músico o pitero urbano cambia la caña por una nueva, cada vez que ésta no suena bien y se ha deteriorado, el pitero rural la va recortando consiguiendo que le dure ¡años! pero a base de estar más dura que una estaca y sin matices tímbricos, salvo los del instrumento o los que él consigue con la garganta. Actualmente, todos los piteros tocan con requintos modernos en perfectas condiciones de reparación, y con la caña hacia abajo, salvo un par de ellos que heredaron la otra técnica de algún pitero de tradición.

El trabajo que desempeñaban los piteros era más variado que en la actualidad, sobre todo en la época comentada de la posguerra, donde por motivos económicos les utilizaban para todo. Decía en una entrevista en la prensa Eduardo Castillo, tamborilero que ya de niño con 13 años acompañó a su padre, el histórico pitero Tomasón de Anievas: “Éramos como una orquesta pobre para los pueblos pequeños y tocábamos de todo, desde jotas montañesas a pasodobles y valses”. En aquella época de escasez tocaban en el salón de baile de Cotillo de Anievas, los domingos y festivos, de 4 a 10 sin parar. Actualmente solo se realizan pasacalles de animación y acompañamiento de los grupos de danzas folclóricas.

El repertorio que se utiliza son los mismos temas que interpretan los cantantes, es decir, la mayoría de la música que suena cuando toca un pitero tiene letra. Los ritmos más utilizados son las comentadas “jotas a lo bajo y a lo alto”. Sin embargo siempre van seguidas de unas melodías que son completamente originales de los piteros, y que se denominan “estribillos”. Estos estribillos suponen la demostración de habilidad de los piteros, siendo algunos realmente complicados, incluso para un músico experto, pero que ellos se los saben de memoria. También existe en Cantabria una rica variedad de ritmos y melodías para acompañar las danzas regionales como son los Arcos Floridos, el Pericote de Potes, los Palillos, el Cuevanuco, etc. y por último, una joya como es la Baila de Ibio que en realidad es una coreografía moderna sobre la Danza de las Lanzas de Ruiloba. En este baile el pitero sustituye el clarinete por una caracola marina, con la cual va indicando los cambios a los danzantes, emitiendo unos sonidos realmente sobrecogedores. Con un estribillo de pitero nos ocurrió en una ocasión una anécdota muy curiosa, pues al acompañar a un grupo de danzas de Santander en Trujillo (Extremadura), de repente se puso todo el público a aplaudir puestos en pie, pues era la misma melodía que una de sus canciones más representativas, El Redoble. Ellos creían que la habíamos preparado con motivo del viaje para dedicársela.

En los próximos meses espero publicar un libro que he titulado “La vida secreta de los piteros – 30 años de anécdotas y vivencias”. Para acabar esta pequeña descripción del pitu montañés y de sus interpretes los piteros, voy a relatar otra de esas anécdotas. “Todo el mundo conocerá el cuento del flautista de Hamelín que con su música se llevaba detrás a los ratones de los pueblos donde lo contrataban y en uno de ellos, como no le pagaron, se llevó a los niños. A nosotros nos pasó algo parecido aunque, bueno, no eran niños ni ratones, sino... en fin, ahora lo voy a explicar. Nos contrataron en las fiestas de la calle Alta de Santander y en el pasacalles de por la tarde casi noche, nos dijeron que había que recorrer también la calle San Pedro, pues los bares habían puesto dinero para las fiestas. Para quien no sea de Santander y no conozca la calle San Pedro, hay que informarle que se trata del antiguo “barrio chino” de la ciudad. El Cachas (apodo del tamborilero que me acompañaba) dijo que si, al ser un sitio “tan especial”, no se molestarían por pasar con el pito y el tambor, pero nos contestaron que los bares habían pagado y teníamos que tocar. Comenzamos desde abajo cuesta arriba, es decir en dirección a los juzgados, y cuando llegamos a media calle empezaron a salir prostitutas de todos los bares y se pusieron a saltar y a bailar detrás de nosotros. Dejaron por un rato su “trabajo” y nos siguieron hasta el solar que había en el hoy aparcamiento del Parlamento de Cantabria, donde estaban las ferias de las fiestas. Para terminar la frase del principio, a nosotros no nos seguían niños ni ratones como al flautista de Hamelín, sino putas, pero qué le vamos a hacer. El espectáculo fue inolvidable y, por qué no decirlo, entrañable.”